Nanoeditorial de poesía. fabricación artesanal de títulos. Tiraje limitado. Distribución en bicicleta dentro de Santiago. Pedidos a garageediciones@gmail.com.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Para una poesía de restauración y repliegue en la época de inmediatez de contenidos de lenguaje.

Qué diablos puede hacer la poesía como la entendíamos en estos tiempos de inmediatez de contenidos de lenguaje. Cómo sobrevive la poesía, con su natural capacidad de conjurar lo sagrado y lo cotidiano, en momentos en que al parecer todo el lenguaje que se intercambia en la World Wide Web tiene esa capacidad. Cómo distinguir la poesía de la simple anécdota, la literatura del registro. Lo que no puede el estilo, la eficacia de la afirmación, como diría Shaw, aparentemente si puede la inmediatez.
La única forma de sobrevivir, sostendrán algunos, es descoyuntando todas nuestras definiciones. Atizar la quema de los últimos lindes que quedan por derribar, para dejar el páramo vacío libre de todo molesto e inutil sentido, disponible a toda clase de fuerzas ciegas, provengan de donde provengan.
El otro camino me temo es mucho menos tentador y algo más exigente; el de la restauración y el repliegue. Aquella peligrosa tarea de la edificación bajo el bombardeo, cavando para aquellos que prefieren el refugio al hipnótico estallido de las bombas, sedazo en mano, separando la paja del trigo, creyendo en las bondades de la la harina.
Porque las propiedades de la buena poesía siguen intactas. Como esa madera sumergida que después de muchos años logra auto protegerse de la humedad para secar y convertirse en la mejor y más valiosa de todas. Como un secreto mecanismo de precisión donde el lenguaje y sus fragmentos se abren de vez en cuando y nos ofrecen toda su capacidad de enunciación y afirmación, su mayor virtud: el almacenaje de sentido.
Pués bien, en tiempos más bien hostiles de asedio y sobre utilización del lenguaje propongo el repliegue. La vuelta a las catacumbas renunciando finalmente a ese utópico mundo masivo de los lectores de poesía, la acuciante tarea pedagógica de educación de las masas, que por ilusoria y tentadora me temo que es impracticable.
Se trata de cercar, amurallar, replegarse, cavar, edificar, deslindar terrenos, cotos de caza, diques, hijuelas de agrado, de esparcimieto si se quiere, o por que no torres, no de marfil, sino de piedra austera, donde el lenguaje aún pueda sustituir por unos segundos al silencio, lejos de la inmediatez y la hojarazca, almacenando todo el sentido posible, enunciando con eficacia el fenómeno, de espaldas a las modas y usos prefabricados, utilizando todas sus capacidades de representación y evidencia, su potencia musical y estética capaz de dar testimonio del vapuleado espíritu del hombre. Y si este camino significa quedarnos solos, pues bién, que así sea.


Marcelo Guajardo.

Ineficacia Contenidista

En torno a algunas desafortunadas tendencias
en la poesía chilena escrita en la actualidad.
Los mismos majaderos que se esfuerzan en encontrar nuevas fórmulas para sus explosivos, nuevos mapas de un territorio que, a su juicio, merece ser dinamitado, nos sorprenden de tanto en tanto con largos artefactos contenidistas, obstinados esfuerzos por una tabula rasa, maquinaria de pavimentación. No nos hemos librado por desgracia de la negativa influencia de cierto mote de larga data en la poesía chilena, la tarea tan insólita como impracticable de “Entender Chile”. El megarelato campea alentado por los exitosos códigos del pasado repetidos por tedio, desesperanza o simple sonambulismo político. El resultado: libros de poesía que no se dejan leer, altaneros, autocomplacientes, enclaustrados y mudos. No es contenido lo que hay allí sino contenidismo hipertrofiado, recargado con yunques emotivos, ojivas sicológicas intolerables, postsurrealismo reciclado, agujeros negros ávidos de energía, terca predilección al caos, hipnótica promesa de vanguardia. Una triste descoyuntura que estamos obligados soportar, porque es el signo de los tiempos. Hay demasiada confianza en la poesía y lo que es peor nada de sospecha. Cierta ética torcida de una clase de poeta demasiado obnubilado con sus limitadas capacidades, que toma en sus manos el futuro, el dolor y el lenguaje con una desfachatez que irrita, sin la más mínima intención de poner en común nada con nadie. Son malos tiempos para la poesía. Y me temo que no veremos por un buen rato algo de su bella y silenciosa fuerza transformadora. No por lo menos con esta bullanga.
Marcelo Guajardo.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

viernes, 7 de noviembre de 2008

cocaví artesanal libro 2, vista delantera.

cocaví artesanal libro 2, vista trasera

especificaciones de cocaví (esta edición)

1.- papel hilado que compro yo mismo en viaje desde mi casa hasta boliche de papel bueno y barato cuya dirección mantendré en secreto. 2.- imprimo todo el material en impresora hp blanco y negro, utensilio que he denominado Lucrecia, en adelante La Lucre. en honor a una antigua compañera de u loca y aficionada a la poesía...que será de ella.3.-hago dos cuadernillos de 132 pg cada uno y junto su páginas con pita de algodón y cola especial para encuadernacion que compro en pegatodo.4.- espero que sequen.5.- junto los dos cuadernillos y repito la operación de hilado y encolado.6.- hago los dibujos de la portada.7.- camino desde mi taller en fco villagra hasta plaza egaña ( es cerca igual) y plastifico los dibujos para que duren mucho.8.- pego los dibujos a la tapa, encolo papel picado en las tapas y espero que sequen.9.- distribuyo y espero.

(cocaví edición artesanal) libro 1 visto de frente.

Cocaví edición artesanal (libro 2).





Marcelo Guajardo.

miércoles, 22 de noviembre de 2006

del poemario Cocaví.

3 poemas.
Marcelo Guajardo.
Garage Ediciones. Stgo. Noviembre 2006.
12 ejemplares.